Pedro Segundo Tavacca

miércoles, 27 de abril de 2011

EL AUTOCONOCIMIENTO ( VII )

EL AUTOCONOCIMIENTO ( VII )

“Como quiera que el hombre es hijo de la Luz, no
será feliz mientras haya en su naturaleza un
asomo de tinieblas. El hombre cuyo principio
fundamental es el bien, no encontrará la paz
mientras exista en su interior una chispa de mal.”
(Carta de los Maestros Rosacruces Nº IV
“La Doctrina Secreta”)



En las publicaciones ya efectuadas acerca del Autoconocimiento se han tocado distintos aspectos
vinculados con su manejo, sobre el cual quizás muchos estudiantes no han profundizado en su justa medida prefiriendo temas fenoménicos sin haber prestado una justa valoración a los relacionados con los íntimos procesos que tienen lugar dentro de la conciencia de cada uno, tanto conscientes como inconscientes.

¿Qué es el bien y qué es el mal?

En las expresiones que encabezan la presente exposición se habla de “asomo
de tinieblas” y de “chispa de mal”. ¿Cómo se valoran las tinieblas y el mal? Para
algunos pueden significar una cosa y para otros, lo mismo, puede significar algo
distinto. De ahí la disparidad y las conductas opuestas que se generan entre los seres
humanos. Precisamente acá viene la validez de todo lo que hemos estado escribiendo
acerca del autoconocimiento que debe transformarse en el faro del cual puede surgir la
luz capaz de alumbrarnos para que no caigamos víctimas del egocentrismo que tan a
menudo suele arrastrar a los seres humanos a los abismos de los cuales es muy
doloroso y difícil retornar. Tal es el alto e indiscutido valor de la auto observación cuya
práctica resulta quizás algo incómoda de aceptar porque a muchos no les agradan los
cambios personales. “Los demás son culpables de los problemas y son los que tienen
que cambiar”. Esto es lo que a menudo se sostiene.
Sin embargo no se pueden resistir los imperativos cósmicos y con la llegada de
la Era de Acuario se están operando en la humanidad, transformaciones en lo que
respecta a su forma de pensar y de sentir, lo cual influye en el funcionamiento de todas
las instituciones y agrupaciones vigentes. En la gente se percibe un creciente impulso
por intentar un cambio en su mundo interior y es notorio el incremento numérico de los
grupos que se abocan al autoconocimiento, a la auto observación y a la
autotransformación, el nombre no interesa, porque se está tomando conciencia de que
el destino humano depende de lo que internamente se genera.
Las Enseñanzas Rosacruces, a su respecto, brindan un valioso mensaje y el
que esto escribe considera que esta temática es prioritaria porque puede permitir a los
seres humanos la posibilidad de tomar conciencia de la razón de su existencia, basada
en serias y sólidas razones, como así también les puede conducir por un camino
bordeado de promisorias perspectivas y no de lamentables consecuencias. Los que
estamos manejando desde hace un razonable tiempo el legado que nos dejó Max
Heindel, quizás podamos comprenderlo para estar en condiciones de trasmitirlo
adecuadamente. Creo que debe ser un unánime y profundo anhelo.

EJERCICIOS ESPIRITUALES

Si bien estos escritos intentan comentar las Cartas Rosacruces escritas por los
Hermanos Mayores, en esta oportunidad también escucharemos a Max Heindel en sus
afirmaciones contenidas en el Capítulo XI “Visión y percepción espiritual” obrante en
“Cristianismo Rosacruz”, donde claramente habla de los “ejercicios espirituales” que
propenden a despertar las facultades necesarias para tener acceso a otros planos de
manifestación más allá de lo físico. Sin embargo la empresa es más trascendente de lo
que parece a primera vista por lo cual Max Heindel hace mención a los “peligros que
acechan a los que por ignorancia o por egoísmo buscan su propio camino persiguiendo
poderes espirituales sin desarrollar su fibra moral”. Eso confirma la validez de lo que
hemos estado escribiendo sobre el autoconocimiento que sería el faro del cual surge la
luz que puede iluminarnos para no caer en el abismo debido al egocentrismo que nos
acecha a todos los seres humanos, que es el que a no dudarlo puede arrastrarnos a las
tinieblas de las cuales resulta muy doloroso y difícil retornar. En un correcto castellano
quizás en lugar de usar las palabras “poderes espirituales” sería más adecuado hablar
de “poderes psíquicos” que son los que utilizan los que se han apartado de la
espiritualidad aunque puedan lograr en algún momento librarse del cuerpo físico para
funcionar en vehículos más sensibles y son capaces de realizar cosas inimaginables
con fines egoístas. Max Heindel y otros ocultistas así lo afirman por lo cual no es
ninguna garantía de espiritualidad la ejecución de experiencias de ese tipo y menos
aún cuando se las autoproclama como propios de “avance espiritual”. Ningún
verdadero espiritualista publicita sus poderes y habilidades.
Las Cartas Rosacruces son muy explícitas sobre estos temas y su
consideración y comentario es lo que nos ha movido a escribir estas modestas páginas
que sólo responden a una necesidad de la época.

VALOR DE LA OBSERVACIÓN

Dice el “concepto Rosacruz del Cosmos” que “uno de los más poderosos
auxiliares del aspirante en sus esfuerzos, es la observación. La mayoría de los
hombres van por el mundo casi ciegos. De ellos es literalmente cierto de que tienen
ojos y no ven, tienen oídos y no oyen. En la mayor parte de la humanidad hay una falta
deplorable de observación”. Relacionando esto con la transcripción que hicimos de la
IV Carta Rosacruz donde puede leerse que “el hombre no encontrará la paz mientras
exista en su interior una chispa de mal”, podemos preguntarnos: ¿Quién debe descubrir
si tal chispa existe o no? Es sólo el hombre mismo y para ello debe tomar conciencia
de sus hábitos, costumbres y forma de ser, dentro de las cuales siempre hay un tinte
de violencia, confusión, inestabilidad emocional y demás reacciones psicológicas
adversas. Ese trasfondo o contenido se ha ido formando a través del transcurrir
inatento de los días merced a la forma de ser y actuar de cada uno, en la mayoría de
los casos irreflexiva y precipitada. Cuando vamos manejando un automóvil no podemos
simultáneamente ir hablando por el celular porque no hacemos bien ni una cosa ni la
otra. De las acciones y omisiones que cometemos, perjudicándonos a nosotros mismos
y a los demás, quizás tendremos que inevitablemente arrepentirnos porque en el
momento oportuno no profundizamos para cerciorarnos si nuestro quehacer era o no
correcto y adecuado. Sí a eso le prestamos atención, podremos comenzar a verificar si
en nuestro interior existe o no alguna chispa de mal.
La observación atenta de todo lo que ocurre afuera y adentro de nosotros no
debe estar reservada para una hora fijada de antemano, sino que debemos tomar
conciencia de todos los actos en los cuales estamos participando a lo largo del día. Eso
es comenzar la tarea del autoconocimiento.
A lo expuesto puede agregarse que los adultos conservan con mayor nitidez la
memoria de los hechos acaecidos en la niñez que la de los hechos acaecidos en la
edad adulta que es cuando se va perdiendo la calidad de la observación y de la
atención. Por otro lado puede apreciarse que las personas de fina y sobresaliente
espiritualidad exteriorizan altas condiciones de percepción y lucidez, en mayor medida
que el común de la gente que demuestra somnolencia e incapacidad de concentración.
En próximas intervenciones consideraremos algunos hechos de nuestra vida
tales como meditación, dependencia, dolor, apego y otros con los cuales podemos
encontrarnos.

Muy afectuosamente.

Pedro S. Tavacca
(tavacca.pedro@gmail.com)

10 de Abril de 2011

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