Pedro Segundo Tavacca

domingo, 11 de diciembre de 2011

EL AUTOCONOCIMIENTO ( XII )



EL AUTOCONOCIMIENTO ( XII )


Esta Carta de los Maestros Rosacruces formula muy sensatas afirmaciones, una de las cuales hace hincapié en el conocimiento de la verdad que es el puerto al cual todos esperamos arribar a través de las distintas aguas en que vamos navegando y ante las distintas situaciones por las cuales debemos atravesar. Dar con la verdad significa nada menos que encontrar la conformidad de un hecho, cosa o idea con el concepto que de él o de ella ha elaborado nuestra mente.


Ciencia, filosofía y teología

Al respecto esta Carta afirma que no se puede llegar a la verdad formulando meras especulaciones surgidas de los distintos niveles con los cuales podemos encontrarnos. Así a nivel científico podemos recoger respuestas basadas aparentemente en leyes a cuyo imperio se suceden determinados fenómenos naturales y a nivel filosófico podemos aceptar formulaciones recogidas en concepciones abstractas no debidamente demostradas, sobre el Universo, el hombre y las cosas. Finalmente a nivel teológico es posible tomar en cuenta concepciones sobre Dios sólo surgidas de autoridades religiosas que se han autoproclamado para ejercer esa y otras funciones. Estas referidas especulaciones están formuladas con la más sana intención de dar con la verdad, por lo cual es oportuno tomar en cuenta algunas sugerencias contenidas en nuestras Enseñanzas en un intento de arribar a una concepción clarificadora.


Sabiduría Interna

Dice Max Heindel en El Concepto Rosacruz del Cosmos que “En las Escuelas ocultistas se enseña al estudiante a olvidar todo cuando se le da una nueva enseñanza, no permitiendo el predominio, el prejuicio, ni la preferencia, conservando la mente en un estado de calma y digna expectativa. Así como el escepticismo nos ciega a la verdad en la forma más efectiva, así también la calma y la actitud confiada de la mente permitirá actuar a la intuición o “sabiduría interna”. Esa es la única manera de cultivar una percepción absolutamente cierta de la verdad”. Esta sugerencia tiene vigencia también en nuestro acontecer diario en el transcurso del cual nuestro sano discernimiento nos permitiría abordar, con acierto, las distintas cuestiones que se nos vayan presentando. El condicionamiento que podemos haber acumulado durante muchos años en lugar de significar una sana experiencia a menudo suele constituirse en un estorbo para descubrir la verdad. El lugar donde hemos dado los primeros pasos influye grandemente y como ejemplo, Max Heindel, se ha referido reiteradamente a la diferencia existente entre las enseñanzas orientales y las occidentales ya que aquellas valorizan al gurú o maestro espiritual mientras que las enseñanzas occidentales dan libertad al estudiante para resolver sus interrogantes fortificando así grandemente su capacidad discriminativa.



Acción y reacción

Lo que estamos comentando no está sólo referido a planteos teóricos sino también con nuestro diario trajinar ya que como estamos regidos por la Ley de Causa y Efecto, frecuentemente podemos recoger perfumadas rosas o dolorosas espinas de acuerdo a la forma en que encaramos los hechos que se nos vayan presentando. Esta Carta agrega que “toda acción provoca la reacción, por lo tanto, la práctica de buenas acciones robustecerá nuestro amor al bien y a su vez el amor al bien se manifestará en buenas acciones”. Nuestras Enseñanzas nos sugieren permanentemente que no nos cansemos de hacer el bien porque las leyes naturales son inconmovibles y estamos propensos a recoger perfumadas rosas o a sufrir el escozor de dolorosas espinas. Sin embargo no podemos estar permanentemente especulando con las ventajas que podamos obtener ni con los castigos que podamos evitar. Lo razonable es que permanentemente tomemos cabal conciencia de todo lo que pensamos, sentimos y ejecutamos a fin de liberarnos de nuestros defectos para generar sanas virtudes. El trabajo interior llevado a cabo con sano convencimiento irá progresivamente produciendo profundos cambios en todo nuestro ser y por lo tanto en nuestro destino.

Muy afectuosamente.

Pedro S. Tavacca

(tavacca.pedro@gmail.com)

20 de Noviembre de 2011


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