sábado, 30 de abril de 2011
EL MUNDO OCULTO
El valor del optimismo
El valor del optimismo
El vocabulario corriente hace uso de los términos "mala onda" y "aura negativa", que en su simpleza encierran una gran verdad. Una persona portadora de contrariedades y de problemas emite una vibración u onda negativa que es captada por aquellos con los cuales se pone en contacto, a pesar de que no pronuncie palabra alguna. Con relación a lo que se denomina aura, es la "atmósfera inmaterial que rodea a ciertos cuerpos". Hasta algunos le han adjudicado colores indicativos de la calidad vibracional cuando se trata de personas. El rojo indicaría violencia, el gris depresión o tristeza, el negro maldad, el amarillo inteligencia y el celeste espiritualidad. No todo termina en la onda vibratoria y los colores del aura sino que estas variables son generadores de cambios hormonales. Una persona violenta está generando permanentemente adrenalina, la cual le causará elevación de la presión arterial ,y en el caso de otra aquejada de crónica tristeza quizás esté próxima a una enfermedad, como ya lo ha comprobado la ciencia médica. La persona equilibrada y afectuosa autogenera hormonas benignas que influyen positivamente en su salud transmitiendo su buena disposición a los demás; sin embargo las vibraciones negativas que se puedan autogenerar atraen a las similares que nos rodean incrementando las propias con natural perjuicio. Todos debemos enfrentar hechos que nos contrarían pero la cordura indica que debemos recibirlos no con inoperante resignación, sino con constructiva laboriosidad y sin desequilibrios emocionales. A menudo hechos negativos fueron comienzos de favorables circunstancias. Si algo que nos sucede motiva nuestro desagrado en lugar de reaccionar torpemente hemos de investigar su causa, porque suele ocurrir que la misma ha sido motivada por nuestro inadecuado comportamiento. Se ha dicho con razón que todos generamos nuestro destino. Es fundamental vivir animados por el optimismo pues en tal forma generamos un aura positiva atrayendo las similares que están alrededor. La "buena onda" allega hechos positivos.
Pedro S. Tavacca
tavacca.pedro@gmail.com
http://www.lacapital.com.ar/ed_impresa/2010/1/edicion_438/contenidos/noticia_5650.html
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Hacia una nueva humanidad
Hacia una nueva humanidad
- La conocida imagen de un buitre observando amenazadoramente a un niño originó la fotografía tomada en Africa por el periodista gráfico Kevin Carter, que obtuvo el premio Pullitzer 1994 y que podría considerársela como el logotipo representativo de nuestra actual civilización en la cual los niños y los indefensos son las primeras víctimas de los que ejercen el poder. Hagamos un simple recorrido y comencemos diciendo que vemos con perplejidad que algunos países vecinos como Chile, Venezuela y Brasil están adquiriendo armas y reforzando sus fuerzas de mar, tierra y aire y que este último supuestamente proyecta la fabricación de una bomba no convencional, todo en un continente caracterizado por un harto deficiente nivel educativo. Los sabios egipcios y griegos que tenían conocimientos muy profundos fijaron el devenir de la humanidad en eras que se han ido sucediendo una tras otra a través de milenios. Está comenzando a asomarse ahora la que se caracterizará por la conquista del espacio por parte del hombre, el auge de las comunicaciones inalámbricas y lo que más nos interesa en estos momentos, por el despertar del altruismo entre los seres humanos. A no dudarlo, la desarmonía que reina a nivel general se origina en el desequilibrio personal de cada uno de los individuos que integramos el conjunto, sin excepción alguna, en mayor o menor medida. Para ir solucionando esto progresivamente sus integrantes deberíamos ir preparándonos desde la más temprana edad recibiendo una adecuada educación, que consiste en el proceso mediante el cual una persona despierta su capacidad intelectual para llegar a pensar adecuadamente o sea a discernir correctamente sobre cosas, hechos o ideas. Deberá favorecerse también, en el niño, el despertar de la sensibilidad para poder entrar en contacto emocional con todo lo que le rodea, lo cual le permitirá, en el futuro, ser amable, comprensivo y afectuoso. Actualmente es ideal para nuestro país y toda Sudamérica la creación de más y más escuelas primarias que pueden llegar a ser células generadoras de valiosa educación en especial en una edad que es crucial en la vida humana. Los seres más preclaros que pisaron la Tierra y ejercieron una notoria y positiva influencia sembraron la semilla del equilibrio, la concordia y el afecto. Es el único camino para que nuestra civilización pueda estar representada por un logotipo con la presencia de una paloma blanca desplegando sus alas sobre una multitud de niños alborozados provenientes de todas las razas y naciones entonando canciones impregnadas de felicidad y alegría, como sólo las saben entonar esos pequeños seres merecedores de nuestro mayor afecto.
Pedro S. Tavacca,
tavacca.pedro.@gmail.com
http://190.3.127.250/ed_impresa/2009/11/edicion_379/contenidos/noticia_5025.html
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1ª PONENCIA

La reencarnación no se demostró (II)
La reencarnación no se demostró (II)
Contestando amablemente una carta del 28 del mes pasado, me limitaré a traer a colación apreciaciones de notables ocultistas. El legendario Hermes Trismegisto, Platón, Pitágoras, Blavatsky, Besant, Max Heindel y otros coincidían en que existen siete planos de manifestación en el Cosmos en uno de los cuales, el material, nosotros actuamos. Cada uno en lo más íntimo de nuestro ser, somos una mónada o chispa divina generada por el Creador, dentro de un número infinito y todos estamos evolucionando a través de dichos planos, yendo y viniendo, lo cual genera la reencarnación con la consecuente ley del karma. La mónada está envuelta en un cuerpo mental, uno emocional y uno vital, que se interpenetran dentro de un cuerpo físico. Este está unido a la terna de cuerpos mencionada por lo que se ha llamado "cordón plateado", cuyo corte o destrucción provoca la muerte que se produciría dentro de los tres días, aproximadamente, de la cesación de los signos vitales tradicionales. Sugieren, por lo tanto, no cremar cadáveres dentro de ese lapso. Como esto no es de aceptación unánime, lamentablemente pueden ocurrir hechos como el publicado por La Capital el día 18/02/10 que rezaba "La dieron por muerta y revivió en una funeraria". Se trataba de Noelia Serna que estuvo internada en el Hospital Universitario de Cali (Colombia). Cuando la ciencia oculta sea debidamente comprendida cambiará en muchos aspectos, favorablemente, el comportamiento humano. Al respecto puede leerse al doctor Brian Weiss en "Muchas vidas, muchos sabios", Annie Besant en "Reencarnación y Karma" y Max Heindel en "Concepto Rosacruz del Cosmos".
Pedro S. Tavacca,
tavacca.pedro@gmail.com
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http://www.lacapital.com.ar/ed_impresa/2010/3/edicion_519/contenidos/noticia_5052.html
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LEY DE CAUSA Y EFECTO
Un legendario sabio egipcio, Hermes Trimegisto describió siete leyes como vigentes en la Tierra, quizás también en el Sistema planetario y el Cosmos, a una de las cuales llamó de “causa y efecto”. La misma se sintetiza diciendo que cualquier efecto proviene de una causa y cualquier causa produce un efecto. En nuestro país, dentro del quehacer humano, nos están sorprendiendo hechos altamente lamentables originados en causas perfectamente determinadas. Con honda preocupación se percibe un auge de la delincuencia, protagonizada especialmente por jóvenes adictos a la droga y el alcohol. Indudablemente ellos se manejan dentro de muy limitados parámetros psicológicos, por supuesto resultantes de una deficiente educación. Cualquier ser humano es digno de recibirla y dentro de sus posibilidades tiene el deber moral de colaborar para que se la brinde a los demás. Aclaremos que la misma no consiste sólo en adquirir conocimientos librescos sino también en favorecer el despertar de la sensibilidad y el afecto.
La totalidad de los funcionarios, ya sean nacionales, provinciales o municipales deben asumir con mayor vehemencia estas elementales verdades ya que la educación es el motor que genera la grandeza de los pueblos, que son los que deben sentir profundamente la necesidad de que se recojan sus frutos que influyen en todos los niveles, en beneficio común. Si esto no se comprende, la ley de “causa y efecto” nos hará padecer cada vez con mayor intensidad los efectos altamente preocupantes que estamos comentando, porque no se ha trabajado sobre sus causas más profundas, llevando a cabo asimismo, con mayor acierto, la adopción de justas y usuales medidas de prevención y vigilancia.
De todo este complejo problema todos somos responsables, en mayor o menor medida, pero por lo visto hasta ahora no lo hemos evaluado en su adecuada dimensión.
Pedro S. Tavacca
